martes, 11 de febrero de 2014

Volviendo

Llevo la cara pegada al cristal, por el que veo pasar los contrastes de la noche, en un intento de fundirme con el aire que corre raudo desplazado por la mole del bus, deslizándose hasta las nubes para jugar con ellas, y acabando enredado en tu pelo. Quién fuese el aire que acaricia tus mejillas todas las mañanas dándote los buenos días. Quién fuese lluvia deslizándose por tu frente, una gota juguetona que acaba por suicidarse desde la punta de la nariz al precipicio de tus labios. Y quién, quién fuese sol para verte y velarte todos los días, sin perderse ninguna de esas maravillosas sonrisas.
Por eso cada vez que me pienses, has de saber que estoy en el aire, en la lluvia y en el sol, que estoy siempre contigo y a tu lado, pensándote y queriéndote.

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